Esta infografía me parece útil porque, con la simplicidad de un golpe de vista, nos puede ayudar a ser más conscientes de la presencia, causas y consecuencias del Burnout . También, como ves, apunta a la relevancia del liderazgo en su prevención y gestión.

Son muchos los «síntomas» que apuntan a una agudización y cronificación del desafecto por el trabajo como valor central de la vida. Por ejemplo, la creciente emergencia de la renuncia silenciosa como forma de afrontar el agotamiento y la desilusión. También la sensación, cada vez más extendida, de no sentirse preparado para el trabajo (en un 70% de las personas según este estudio). O directamente la intención de dejarlo. En cualquier caso, sea este cambio de valores o no una tendencia irrefrenable, no tenemos porqué resignarnos a vivir con el único sentido de mantener un salario a fin de mes.

Quizás venga bien recordar esa idea de que somos lo que hacemos repetidamente, y que construimos nuestro futuro cada día con acciones que, en buena parte, dependen de nosotros. Como observadores y generadores de microacciones de bienestar en nosotros mismos o en los que nos rodean. Aunque sea solo por el «egoísmo» del bienestar que nos podemos inocular a nosotros mismos en este ejercicio diario del servicio a otros. En esta línea, me parece interesante y práctico experimentar con pequeños cambios que, mantenidos de una forma sostenida, pueden tener grandes resultados en términos de bienestar y productividad para todos. Aquí abajo te encontrarás algunas pistas para hacer más fácil ese ejercicio minimalista del liderazgo en el día a día.

¿Cómo podemos ejercer en otros una influencia positiva que les ayude a sentirse mejor y ser más productivos? Como verás, técnicamente no es complicado. Quizás no sea necesario ser psicólogo ni experto en personas. Probablemente se trate solo de una cuestión de foco, de ir no solo con las luces cortas sino también con las largas para ver un poquito más lejos de esas urgencias diarias que devoran nuestra atención.

Microafirmaciones, el poder para hacer sentir bien a los demás

Hacer sentir bien a alguien no cuesta demasiado, pero no todo el mundo se esfuerza en ello. Tal vez no se lleva a cabo porque la vida va muy deprisa, las presiones son muchas y también porque pesa más el interés propio que el bienestar colectivo.