Me gusta lo que cuenta Kahneman en este TED de hace ya algunos años. Nos avisa sobre lo natural que es caer en tres sesgos de nuestra memoria que hacen que nuestras vidas y decisiones sean mediocres.

Hoy en día, cuando casi todos tenemos nuestra mente sumida en un ruido incesante y más focalizada en preocupaciones, futuros o pasados que en el momento presente, puede venirnos bien esta reflexión. Sobre todo si la concluimos con alguna toma de acción o decisión personal.

El «Yo experiencial» y el «Yo biógrafo»

Según Kahneman, hay un parte de nosotros que experimenta (el «yo experiencial») y otra que recuerda (el «yo biógrafo»). La primera nos acompaña continuamente, mientras que la segunda construye nuestros recuerdos. Este yo que recuerda, pierde muchos matices y experiencias de nuestra vida. Por muy positivas que sean. Mientras que simultáneamente, por el contrario, nos hace recordar especialmente tres tipos de aspectos:

  1. Los inicios, lo que sucede en los primeros momentos de nuestras experiencias. A este sesgo se le denomina «efecto de primacía»
  2. Los finales, es el «efecto de recencia»
  3. Los sucesos inesperados o el «efecto de novedad»

Cuando tomamos decisiones, elegimos con la materia prima de los recuerdos sesgados de nuestra experiencia, no con nuestras experiencias. Una consecuencia es que nuestras decisiones se basan en pocos elementos y dejan de lado matices que pueden ser importantes. Simultáneamente, y de una forma poco consciente, el «yo biógrafo» se va imponiendo progresivamente al «yo experiencial». De esta forma, se va reforzando nuestra tendencia a buscar momentos ideales que frecuentemente no llegan y que además nos privan del presente, caemos fácil en la tentación de vivir para construir recuerdos, y nuestra vida queda reducida a un limitado conjunto de momentos.

¿Qué sucede, por ejemplo, cada vez que perdemos el momento presente por sacar fotos de ese momento?, ¿O cuando conectamos a través de una app en perjuicio de la persona o experiencia que tenemos delante? Que vivimos, como mucho, a medias y en «piloto automático».

Vivir y trabajar con más intensidad

¿Cómo podríamos hacer más intensa nuestra experiencia vital y mejorar nuestras decisiones? o, dicho de otro modo, ¿cómo podríamos dar más juego a nuestro «yo experiencial»? Aquí tenemos algunas pistas que seguir y ningún truco «mágico»:

  1. Hay un mantra que muchas personas repiten pero que pocas practican de verdad porque es realmente difícil. Aquello de prestar más atención «al aquí y al ahora». Más allá de prácticas de mindfulness como estas siete, aprender y utilizar los hábitos básicos del sistema GTD te puede llevar progresivamente a lograrlo.
  2. En la toma de decisiones, podría ayudar no solo poner el foco en las metas u objetivos que queremos conseguir sino también en cómo hacer el camino, en la forma de llegar a ellas, en las rutinas y en el día a día. Los niveles de perspectiva de GTD, sobre todo los más elevados, pueden ayudarte a hacer que tu camino tenga más sentido.

¿De qué más formas podríamos evitar caer en las trampas de nuestros recuerdos sesgados?