Reviso los «Principios» de Ray Dalio. Un compendio de los valores y las prácticas que supuestamente han guiado sus mejores decisiones y le han llevado al éxito. E incluso a construir algoritmos para tomar decisiones óptimas en contextos organizativos. Cuando te «autochequeas» con un planteamiento así, necesariamente encuentras cosas que te resultan obvias, otras con las que discrepas y también aspectos que te hacen pensar y cuestionarte algunos hábitos. Y es que, aunque todos nos adscribimos a ciertos valores básicos, la cierto es que muchas veces, quizás por falta de atención, podemos ser incoherentes con los mismos.

Para mi es obvio lo que sigue, pero tengo que reconocer que no siempre he sido fiel a este principio:

No digas nunca nada de alguien si no estás dispuesto a decírselo a la cara, y no juzgues a las personas sin acusarlas de frente. (…) Nunca hay un buen motivo para hablar mal de alguien a sus espaldas. Es contraproducente y evidencia una falta grave de integridad, no produce ningún cambio beneficioso y subvierte tanto a la persona difamada como a la totalidad del entorno. (…) Los mánagers no deben hablar de su gente en su ausencia. Si hay alguien ausente en una reunión en la que se está tratando algo que le atañe, siempre nos aseguramos de enviarle una grabación de la reunión y demás información pertinente.

Hay ocasiones en las que los hechos nos parecen flagrantes. Y en las que nuestra necesidad de desahogo empuja, pero… quizás también sea posible crecer personalmente poniendo atención al principio y reconociendo nuestro éxito en el control del impulso. ¿No te parece? ¿No te daría mucha más confianza un entorno en el que esto se cuidara sistemáticamente?

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