El «No-hacer» o el silencio no son buenos per se. Un estilo de liderazgo «amistoso», «indiferente» o «conservador» -por ejemplo- es un estilo que no genera confianza y que podría considerarse una patología del liderazgo. De una forma similar, entender que la participación consiste en dejar que las personas se las arreglen sin contar con nuestro apoyo, es una forma de dimitir de la propia responsabilidad. Callar cuando discrepamos con otra persona, puede ser confundido con aprobación y crear una falsa impresión de acuerdo. El silencio es, por tanto, como todas las técnicas y como un bisturí, algo que puede ser muy efectivo o nefasto.

Dicho esto, yo creo que nos faltan muchos silencios de los buenos. A nosotros y a nuestras organizaciones y equipos. Y que infrautilizamos totalmente su potencial. ¿Te apetece probar y experimentar resultados?

Cuando el silencio ayuda

Entramos en el terreno del silencio que puede ser fértil. Que puede facilitar el crecimiento de pensamiento e ideas. Que puede abrir puertas de comunicación que se suelen quedar cerradas. De entrada, si no estás acostumbrado a los silencios, es algo con lo que puedes jugar como hipótesis de trabajo. O que puedes repetirte como un mantra: «El silencio es fértil«.

Hay usos muy básicos que todos conocemos, pero que no practicamos tanto, como utilizar un silencio para enmarcar y dar relevancia a algo importante. También -y ahora este tipo de cosas están muy de moda con el mindfulness– habrás oído hablar de las bondades de practicar el silencio para mejorar tu capacidad de escucha «recalibrando» los oídos. O tener un tiempo de inactividad diario para relajarnos, descansar y desconectar sin ningún objetivo establecido.

Algunas organizaciones avanzadas utilizan el silencio para ganar en efectividad. Esto es algo que se propicia, por ejemplo, en la práctica de la «sala tranquila», un espacio corporativo para poder trabajar con más foco. O en la costumbre de empezar las reuniones con un minuto de silencio para que nos podamos centrar.

Cómo usar el «silencio incómodo»

Me fascina la capacidad de Jesús Quintero para llegar donde no llegan otros en una entrevista/ conversación. En muy pocos minutos es capaz de jugar con el silencio como nadie. Con pocas palabras. Y llega más lejos. Algo extremadamente difícil es una época y cultura donde la interrupción y tener que demostrar que sabemos es lo habitual.

¿Cómo aplicar la fórmula o «regla del silencio incómodo»? Técnicamente es muy sencillo. La dificultad es emocional, de autocontrol: Cuando planteas una pregunta desafiante das tiempo. Cuando te enfrentas a una pregunta, en lugar de responder, haces una pausa y piensas profundamente sobre cómo quieres responder. No te equivoques, esta no es una pausa corta. Pueden pasar cinco, 10 o incluso 15 segundos (o más) antes de recibir u ofrecer una respuesta. Lo cual, si no estás acostumbrado a hacerlo, te hará sentir muy incómodo al principio.

En este artículo lo explica con claridad e introduce el increíble ejemplo de esta «niña prodigio» que crea una composición musical con 4 notas al azar… y con unos segundos de silencio. Para disfrutar con la magia y animarse a usar esta regla:

Imagen de Ernie A. Stephens en Pixabay