Toma decisiones

Continuamente tomamos decisiones. Incluso cuando creemos no tomarlas. Es casi como respirar. Cada hacer y cada «no-hacer» implican una selección que afecta a nuestra productividad y a nuestra motivación. Piensa, por ejemplo, en cuántas veces decir que sí a todo suele llevar a tener que dejar de hacer algunas cosas  a las que en la práctica resulta imposible llegar. Y cuando se trata de liderar, es decir, de influir a otros, esto tiene un peso especial porque nuestras decisiones dejan más huella.

Cuando cuesta tomar decisiones

Hay situaciones en las que a todos nos cuesta tomar decisiones pero incluso hay estilos personales que se llevan mejor con la toma de decisiones que otros:

  • Aquellos por ejemplo que están fuertemente orientados a las personas -algo que puede conducir a un estilo de liderazgo «amistoso»- suelen en ocasiones encontrar difícil tomar decisiones que puedan ser mal vistas o afectar negativamente a otros. Es cuando prevalecen las buenas relaciones sobre la eficacia de la decisión.
  • Algo parecido suele suceder cuando líderes con un estilo «conservador»no basan sus decisiones en el consenso sino en la opinión de la jerarquía o la mayoría. No vaya a ser que sean mal vistos…
  • En otro casos, la necesidad -especialmente fuerte en algunas personas- de buscar más seguridad o perfección suele ralentizar la toma de decisiones. Es aquello de Amiel: «El hombre que pretende verlo todo con claridad antes de decidir nunca decide».

Qué decisiones tomamos es uno de los indicadores de medida más claros de nuestra competencia profesional. Y cómo las tomamos es otro. Ambos definen nuestra productividad y el nivel de nuestro liderazgo. Retrasarlas o no basarlas en argumentos nos suele dejar en evidencia.

Cada uno lo suyo pero…

También parece obvio que cada cual tiene que tomar en primer lugar las decisiones que correspondan a su ámbito pero… la realidad indica que no es tan obvio:

  • Hay personas (y culturas) de estilo «autoritario», «paternalista» y/o «manipulador»  que deciden por los demás o que solo permiten la participación en la toma de decisiones de un modo aparente. Suelen «argumentar» experiencia, conocimientos, responsabilidad… ¡y jerarquía! pero también suelen implicar visiones incompletas, falta de ideas y falta de compromiso.
  • En ocasiones como consecuencia de lo anterior, también hay personas que prefieren no mojarse y hacer solo de transmisores («Esto es lo que quieren que hagamos»).
  • Otro caso muy clásico es la aparente delegación que sin embargo encierra una dimisión de las propias responsabilidades.

Facilitar la participación en la toma de decisiones

«Liderar tomando decisiones» no es solo hacerlo con las propias sino crear condiciones para que las personas se sientan a gusto tomándolas y sintiendo en ello motivación, compromiso e implicación. Es algo que mejora mucho la calidad de la toma de decisiones  y que tiene un gran valor productivo. Pero es algo que solo se activa desde el ejemplo, haciendo percibir que la opinión de los demás cuenta y haciéndola valer en función de que esté bien argumentada, con un buen análisis de hechos y alternativas.

El proceso clásico, es muy conocido. Hoy puede enriquecerse con multitud de técnicas y herramientas pero no nos engañemos, esto no es realmente una cuestión de técnicas sino de hilar muy fino en los detalles- tanto de fondo como de forma- de la dinámica de grupos, algo en lo que puedes iniciarte con esta guía.

Decidir = elegir + planificar

Tomar una buena decisión no termina con la decisión, sino con una buena planificación de su puesta en marcha, lo que se ha convertido en todo un nuevo reto de los llamados «tiempos líquidos«. Los sistemas clásicos de organización y gestión de proyectos son demasiado rígidos para adaptarse a los cambios constantes y suele ser útil aprender a trabajar con planificaciones más flexibles. En esto, GTD nos da todo un sistema de pautas y hábitos de entre los que yo destacaría:

  • Un tiempo para «reunirnos con nosotros mismos», para tomar  decisiones y para planificarlas adecuadamente y elegir el momento más adecuado para cada una de tal modo que no caigamos en la precipitación, para tener en cuenta la mayor parte de los factores, para elegir las mejores opciones posibles, para no perder de vista el objetivo.
  • Definir bien las distintas acciones y proyectos en los que vamos traduciendo las decisiones tomadas y eligir adecuadamente las mejores circunstancias para ejecutarlas.

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