Según parece, nuestra naturaleza humana funciona según un ciclo biológico diario vinculado a la producción de la hormona «cortisol»: el «ciclo circadiano«. Según este ciclo, distintos momentos del día se corresponden con mayores o menores disposiciones de energía:

Esta realidad parece tener sus excepciones, y así algunos hablan de la «sociedad B» para referirse a todas aquellas personas cuyas vidas funcionan según un esquema energético opuesto (aquí entrarían quienes sacan mucho más rendimiento intelectual por la noche que por el día, por ejemplo). Además, la experiencia parece indicar que cada uno de nosotros tenemos un ciclo vital algo diferente con picos y valles de energía en uno u otro momento del día/noche.

Llama la atención como muchas personas vivimos como si nada de esto existiera:

  • A veces nos empeñamos en tareas de alto nivel de exigencia cuando no estamos plenos de energía o incluso cuando la tenemos «bajo mínimos»
  • ¡Cuántas reuniones importantes se ponen, por ejemplo, en horas de bajo nivel de energía!
  • ¡Cuántas veces dedicamos nuestro mejor momento del día a tareas sencillas!

Trabajar según la energía

Todo esto es un reflejo de la confusión inconsciente que tiene lugar al entender el trabajo como sinónimo de «meter horas». Pero la influencia de todo esto en la motivación y en la productividad es muy importante, así que quizás estaría bien que fijáramos nuestra atención en los diferentes momentos energéticos a lo largo del día. Considerar nuestros niveles de energía supondría  dejar de actuar como si fuéramos super-héroes (engañarnos no funciona) y sería un paso hacia adelante en nuestra productividad.  Y puestos a no trabajar como «pollos descabezados» también podríamos tener en cuenta otros criterios para seleccionar las tareas más productivas en cada momento.

Una pregunta desde la que empezar a tener todo esto en cuenta podría ser, por ejemplo, ¿Cómo puedo conjugar los niveles de energía en mi planificación diaria o en la organización de reuniones?

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