Iceberg

Algunos pensaron que la crisis haría desaparecer la desmotivación. Unos, los más autoritarios  vieron una oportunidad para quitarse de en medio a personas incómodas. Otros simplemente pensaron que no se puede  estar desmotivado cuando tienes la suerte de mantener un puesto de trabajo «con la que está cayendo» porque…

¿Acaso es posible no ser proactivo y estar lleno de iniciativa cuando se trata de sobrevivir?

Pues… por lo que yo me suelo encontrar, sí. ¿Razones?:

  • Probablemente hay casos en los que no hay una toma de conciencia plena de cómo han cambiado la naturaleza y las exigencias del trabajo, de la velocidad de los cambios y la necesidad  de ser más rápidos para adaptarnos, más flexibles, más innovadores… A veces no acabamos de creernos que todo esto nos pueda afectar a nosotros.
  • En otros casos el stress -como cuenta Dan Pink en esta conocida charla–  a partir de cierto punto produce más parálisis que motivación. ¿Por qué, por ejemplo, tanto empeño en incentivar económicamente en función de objetivos retadores?
  • Organizaciones solo pendientes de sus resultados y poco permeables a los intereses de las personas. A pesar de que la palabrería oficial diga lo contrario: «las personas son el valor fundamental de esta organización y bla, bla, bla».

Para estas situaciones siempre hay pequeños espacios para que un buen coaching individual o de equipo pueda resolver este problema temporalmente. También para una charla energizante  sobre optimismo e ilusión de un showman profesional. Sin embargo creo que a medio y largo plazo este tipo de «parcheos» tienen efectos bastante limitados si la estructura organizacional y el modelo de liderazgo subyacentes tienen «trazas» de control y desconfianza y ponen barreras al despliegue de la motivación de las personas. Tal y como dice Whitmore, «los problemas se deben resolver en el nivel que está por debajo de aquel en el que ocurren«. Y la motivación no es una capacidad sobre la que trabajar sino una consecuencia de unas condiciones de trabajo (el iceberg).

En este punto hay tres libros que suelo releer periódicamente y que a mi me han ayudado a entender y actuar mejor sobre el «iceberg» de las motivaciones:

  • En «Guías para la transformación» se retrata el modelo de organización clásico -mucho más presente de lo que parece-  y se dibujan los trazos de un nuevo modelo más centrado en las personas y en el fluir del conocimiento. Esto ya tiene algunos años pero creo que es un buen marco para iniciarse y te lo puedes bajar en el link.
  • En «Sectores de la nueva economía 20+20» se explican las claves de las empresas abiertas y se cuentan con bastante detalle 20 casos de éxito: otros ya lo han hecho antes. El libro te lo puedes descargar aquí.
  • Me convence mucho el enfoque práctico de «Participación Genuina» de Moliní, en el que se detallan metodología y principios de la participación con mayúsculas (no sucedáneos de participación). Me alineo con las ideas de que «El mundo está en guerra contra las personas» y es importante «no interferir», «quitarse uno de en medio».

Por supuesto que también te puede traer todo esto al pairo pues has tenido la suerte de estar en una empresa a la que le van las cosas bien a pesar de solo utilizar a los «humanos» como «recursos» pero… ¿cuánto durará eso? y… ¿merece la pena vivirlo?

Photo by: Aftab Uzzaman