Open Business

Cuarto post de la serie dirigida a diseñar una jornada de sensibilización «Hacia una cultura empresarial 2.0» y generar  conversación para aprender. Estoy compartiendo las que yo considero ideas principales y, así como en el anterior post me refería al 2.0 mirando hacia el núcleo de la organización, aquí me referiré sintéticamente al 2.0 del entorno.

A medida que el conocimiento se va haciendo más importante y va trasmutando los valores en los que nos asentamos personas y organizaciones, también va transformándose el ecosistema en el que interactuamos. La inteligencia, entendida como capacidad adaptativa, disfruta de un salto cuántico transformándose en «inteligencia colectiva«, una inteligencia formada por la dialéctica que se produce -gracias a la tecnología y a la disposición a compartir- entre miles de inteligencias individuales.

Los prosumidores

Este gran paso evolutivo de pasar de algunos millones de usuarios pasivos de la web a más de mil millones de usuarios que publican y participan -eso sí, con intensidades variables- supone la caída del concepto de «consumidores» y la emergencia de una nueva categoría humana mucho más exigente: los «prosumidores» -personas/ neuronas fundamentales de esta inteligencia– que se multiplican rápidamente, que no solo tienen oídos sino también boca y que solo aportan si se sienten atraídos a hacerlo. Su actividad es incesante y lo abarca todo.

La cuestión es que la inteligencia colectiva es una oportunidad, dado que hay mucha más inteligencia fuera que dentro de las organizaciones. Por poner un ejemplo ya clásico, los prosumidores (clientes, proveedores, profesionales de un modo u otro interesantes para los ocios y negocios) están actualmente y desde hace ya tiempo hablando de ese componente de la inteligencia colectiva que es tu organización y/o de temas y ventajas competetitivas que sin duda podrían ser de tu interés. Estar de un modo u otro o no estar en esas conversaciones está teniendo consecuencias para cada negocio o profesión a nivel de pérdida o ganancia de oportunidades, de ideas, de conocimiento.

Dicho de otro modo es como si a cada persona y organización nos hubiera nacido de pronto un doble virtual con el que compartimos cuenta de resultados e imagen (identidad digital). ¿Es inteligente dejarlo campar a sus anchas o lo es más gestionarlo adecuadamente?

El sharismo

Si la opción es entrar en su gestión, no hay que olvidar que una de las características esenciales de su funcionamiento es el llamado «sharismo«. Según éste, el valor de la información no reside en acumularla sino en relacionarla y sintetizarla con fines prácticos. Como consecuencia, en este nuevo ecosistema las oportunidades solo surgen cuando se comparte de forma intensa información y conocimiento. Y ésto, claro, es un tema a valorar seriamente, puesto que supone entrar con los caballos en el «sancta sanctorum» de muchas organizaciones.

Dentro de este ecosistema hay un nuevo «caldo primordial», una gran biodiversidad organizacional:

  • Tamaños de empresa, formas de propiedad o no-propiedad, estructuras distribuidas de colaboración en red que sea agregan y desagregan por proyectos
  • La «liquidez»/ flexibilidad y creatividad organizacional/ personal sustituye progresivamente a la «solidez»/ rigidez.
  • Hiper-conectividad (miles de herramientas de comunicación)
  • Hipo-organización (las viejas estructuras jerárquicas son sustituídas por [no]estructuras temporales, horizontales, en red, bottom-up, negociadoras y conversadoras versus ejecutoras)
  • Diversidad cultural (las clásicas definiciones de visión, misión, valores, etc. van siendo sustituídas por la existencia de  «mínimos comunes denominadores»)

Y la alternativa para «super-vivir» en este ecosistema tan rico es abrir los negocios e integrarlos mejor en este ecosistema. Y cada vez hay más ejemplos de ello. Difícil pero apasionante. ¿Prescindible?

Photo by: Opensource.com

*Próximo post: Beneficios y dificultades del nuevo entorno