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En este último post medicinal veraniego sobre «píldoras» de automotivación, voy a referirme a dos de los campos en los que más tiempo pasamos muchas personas: el trabajo e internet.

El trabajo Autotélico

Cuando uno busca y finalmente encuentra las condiciones de los estados de flujo en el trabajo deja de existir la barrera entre trabajo y tiempo libre. Todo nuestro tiempo se vuelve enriquecedor.

Dice Josep Julián en «Qué cara nos ponemos hoy» que «He visto ejemplos de automotivación de lo más curiosos. Un estampador que no cobraba por producción se retaba a sí mismo para ver cuantas piezas lograba terminar cada cuarto de hora y si batía el record lo celebraba levantando los brazos como un ciclista que entra en la meta en cabeza; conozco un matricero que cuando termina un trabajo en el torno a su satisfacción se pasa un buen rato contemplando la pieza y luego sale al exterior del taller a fumar un pitillo; una profesora de instituto que cada vez que terminaba de demostrar el cumplimiento de un teorema se comía un caramelo de menta…»

Para fluir con el trabajo y mejorar la calidad de vida, los trabajos deberían rediseñarse para cumplir las condiciones de los estados de flujo. Pero también -como dice Csikszenmihalyi- será necesario ayudar a las personas a desarrollar personalidades autotélicas.

¿Cómo podríamos realizar nuestro trabajo para alcanzar estados de flujo en el mismo?

La Web autotélica

Desde siempre el ser humano ha tendido a ir más allá de si mismo a través de la “motivación de logro” o de la “búsqueda de trascendencia”.

Csikszentmihalyi dice en “Fluir” que “Cuando una persona invierte toda su energía psíquica en una interacción –bien sea con otra persona, con un barco, una montaña o un fragmento musical- llega a ser parte de un sistema mayor que la personalidad individual que había sido antes (…) pero es un verdadero sistema –subjetivamente tan verdadero como ser parte de una familia, de una empresa o de un equipo- y la personalidad que forma parte de él expande sus fronteras y se convierte en algo más complejo de lo que había sido”.

Lo nuevo de la situación actual es que -tal y como aventuraba la ciencia ficción del siglo pasado (por ejemplo, Arthur Clarke en su Odisea) y como explica el sharismo– la evolución del ser humano de la mano de la tecnología como vehículo comunicativo está ya en marcha. Ahora ya hay otra manera de responder a nuestra necesidad de trascendencia la «web 2.0«… y ofrece a través de las redes sociales la oportunidad de desarrollar nuestra conciencia a niveles inimaginables.

Y para entender ésto hay que experimentarlo formando parte activa de las mismas y participando de la nueva red neuronal de conversaciones. Un modo de acceder a ello es eligiendo tus redes y «enredándote» en ellas, aunque sin olvidar la magia del contacto real.

A veces, sin embargo, la web 2.0 lleva a abrirse a conversaciones y deseos de compartir y colaborar, y eso puede ser incompatible con la cultura de nuestra organización.