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Hay un momento en el que una forma de aprender es re-descubriendo un nuevo sentido -más revelador o profundo- a ideas que ya creías haber entendido.  Fíjate, por ejemplo, en esta idea o sugerencia:

Buscar (…) la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para distinguir entre ambas

Para mi ha sido un descubrimiento reciente. Me resulta más o menos evidente que no cambiar lo que puedes, te sitúa en la parálisis, en el conformismo, en la no-evolución… pero… ¿Qué cosas son las que no puedes cambiar, las que no dependen de ti?, ¿Estás seguro?…

No aceptar lo que no puedes cambiar, frenando el impulso de tus deseos, creencias, valores o actitudes te puede llevar a la frustración o incluso a la desesperación. Tengo que reconocer que soy tendente a tratar de cambiar lo imposible. Algo habitual cuando crees firmemente en la perseverancia, el trabajo y el esfuerzo. Algo me temo que muy normal cuando los cantos de sirena actuales te repiten incesantemente aquello de que «si quieres, puedes». Pero no creo que sea una buena idea.

Es justo decir que la frase original de Reinhold Niebuhr empieza por un «Señor, concédeme»… pero no son tampoco tiempos para esperar que alguien venga de fuera a salvarnos.  La búsqueda personal es hoy inevitable. Y es que el VUCA del siglo XXI ha desintegrado las viejas seguridades de padres, profesores, jefes y dioses. Antes era habitualmente más fácil encontrar el camino, porque estaba trazado y porque, si te perdías, enseguida alguien te decía por dónde retomarlo. Sin embargo, ahora que hemos ganado conocimiento, libertad y autonomía, tenemos que trazar nuestro propio camino.  Algo difícil que exige muchas veces perseverancia y en ocasiones resiliencia, pero que suele empezar por saber responder bien a preguntas como ¿qué puedo hacer para avanzar? y ¿por dónde empiezo?

En este contexto, tanto en situaciones extremas de lo personal y profesional como en hechos cotidianos que van emergiendo, suelen ser útiles algunos modelos, procesos, métodos o técnicas que algunos profesionales utilizamos para ayudar a otros a avanzar. Un modelo como, por ejemplo, el de preguntarnos qué depende de nosotros y qué no resulta inspirador y puede servirnos en algunas reflexiones individuales o de equipo.

En otras ocasiones, sin embargo, necesitamos elementos de apoyo más sofisticados. Puede, si no, que te quedes paralizado ante la pregunta «¿Qué depende de mi?» o puedes errar totalmente en las respuestas. Se trata de la dificultad de ver las cosas desde un ángulo o perspectiva diferente. En lo individual, a veces podemos necesitar de un psicólogo, psiquiatra o coach para que nos ayude a re-conectar con nuestros recursos personales. Para un grupo o equipo hay herramientas y facilitadores que nos pueden ayudar a lugares donde nunca llegaríamos solos.

Como ejemplo de esto ultimo quiero presentarte el «modelo de las 4 habitaciones» que nos presenta Asier Gallastegui . Es un modelo que estoy empezando a utilizar y que quiero proponerte aquí para que tú también lo puedas exprimir o para que te sirva de inspiración.

Las cuatro habitaciones del cambio. Profundización – enredando+korapilatzen

Country week tennis, 5 January 1937, by Sam Hood. Flickr Commons En el contexto de acompañamiento de un equipo surgió la necesidad de conversar y reflexionar juntos sobre el CAMBIO. Cuando me llegan este tipo de demandas en mi cara … Continuado