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He aquí un modo diferente de ver al ser humano: «Los individuos no son, de hecho, individuos. Más bien son como los músicos de un cuarteto de Jazz, cada uno de los cuales se entrega a un proceso inconsciente de acciones y reacciones para complementarse con el resto de la banda»  (Alex Pentland)

¿No es esto algo totalmente comprensible y natural? Y es que hemos sobrevivido cientos de miles de años gracias al desarrollo progresivo de la interdependencia y la cohesión con otros. Con señales mucho antes que con el habla. Así pues, es lógico que estemos en cierto modo inconscientemente obsesionados con determinados signos que nos dan seguridad psicológica y que nos acercan o alejan de otras personas. «Estamos hechos» para requerir señales una y otra vez.

Daniel Coyle, además de señalarnos algunas pistas sobre este funcionamiento nos cuenta la investigación de Pentland y cuáles son las conclusiones prácticas a las que ha llegado.

 

Tecnología MIT para hallar patrones ocultos

En el laboratorio de Dinámica Humana del MIT, Oren Lederman y Alex Pentland han llevado a cabo durante los últimos años una investigación para registrar la interacción de cientos de grupos.

Esto lo han hecho con recogida exhaustiva de datos mediante «sociómetros», unos dispositivos del tamaño de una tarjeta de crédito, que constan de varios sensores como, por ejemplo, un micrófono y un GPS. Un sociómetro recoge información cinco veces por segundo sobre todo un conjunto de variables relativas a cómo interactuamos como, por ejemplo, la sucesión en los turnos, las interrupciones, el porcentaje de tiempo hablando de cada persona, el tono y firmeza de la voz, la proximidad, el contacto visual, la mímica, etc.

Como resultado han observado un patrón que se repite: «se puede predecir el rendimiento si obviamos el contenido informativo del encuentro y nos centramos en unos pocos «indicadores de pertenencia»«.

 

Cinco factores mensurables

Podríamos resumir la conclusión diciendo que los equipos más potentes son aquellos que interactúan de forma más equilibrada en cantidad y calidad. No obstante, Pentland es mucho más específico y nos da cinco claves muy mensurables que facilitan la tarea de evaluar y optimizar el funcionamiento de un equipo:

  1. Los miembros de los equipos más efectivos hablan y escuchan en proporciones similares y con intervenciones breves
  2. En lo no verbal: contacto visual frecuente, conversación enérgica y gesticulación vehemente.
  3. Comunicación e interacción directa entre todos versus solo con el jefe del equipo o responsable principal.
  4. Conversaciones gestuales o paralelas dentro del equipo.
  5. Los miembros periódicamente se alejan del equipo, exploran fuera y vuelven con información nueva para compartir.

Como podrás ver, este planteamiento es distinto del clásico en cuanto a que no pone la atención en habilidades individuales y sí en comportamientos que normalmente ignoramos por parecernos muy elementales. ¿Lo son?

*Si el tema te resulta interesante, quieres conocer mi planteamiento y acceder a otros contenidos parecidos, puedes hacerlo aquí.