Hay días en que los nubarrones no nos dejan pensar, nos resulta difícil avanzar bien y ver con claridad. Según parece, sucede que las preocupaciones afectan el funcionamiento del sistema límbico, y esto genera un “estado de activación” que nos impide ser productivos.

Junto con “preocuparnos inteligentemente”, hay algunas ideas sencillas que también nos pueden ayudar. En esta línea de búsqueda, hoy comparto contigo una vieja historia y una pequeña conferencia que nos animan a poner en práctica algunos hábitos muy sencillos.

 

Focalízate: La historia del relojero y el péndulo

Cada vez que mi mente se agobia por el futuro me vuelvo a contar una vez más esta historia de Anthony de Mello:

El relojero estaba a punto de sujetar el péndulo  de un reloj cuando, para su sorpresa, oyó cómo el péndulo hablaba.

“Por favor, señor, no lo haga”, suplicaba el péndulo. “Sería un acto de amabilidad por su parte. Imagínese el número de veces que tendré que hacer “tic-tac” día y noche… Un montón de veces cada minuto, durante sesenta minutos a la hora, veinticuatro horas al día, trescientos sesenta y cinco días al año, y así un año tras otro… Serían millones de “tic-tacs”. ¡No creo que pueda soportarlo…!”

Pero el relojero le respondió sabiamente: “No pienses en el futuro. Limítate a hacer un “tic-tac” cada vez, y disfrutarás de cada “tic-tac” durante el resto de tu vida”.

Y eso fue exactamente lo que el péndulo decidió hacer. Todavía hoy sigue haciendo “tic-tac” como si tal cosa.

Una idea a considerar: Nunca es insoportable el momento presente si lo vives plenamente. Lo insoportable es estar aquí con el cuerpo a las diez de la mañana y con la mente a las seis de la tarde.

 

Focalízate: Da algo más de foco a lo bueno

Nos cuenta Alison Ledgerwood cómo sus investigaciones concluyen que es más fácil que nuestra visión de las cosas tienda a ser negativa y que cuando el pesimismo se instala es muy difícil de eliminar. Y nos propone tomar más consciencia de ello y dedicar unos minutos al día a algunas prácticas sencillas: