Me encanta “SCRUM”, el famoso libro que explica el método de Jeff Sutherland. Si no lo has leído, me atrevo a recomendártelo, porque es extraño encontrar un libro de gestión que aporte algo más que obviedades, que sea ameno y que, además, te de pautas claras de aplicación. Y si no ves claro lo de dedicarle tiempo, aquí tienes un aperitivo sobre su contenido, que te puede dar una primera idea y despertar el apetito.

Lo que hace aún más atractivo a SCRUM es que, en mi opinión, tiene mucha química con el Modelo de Belbin, y esto es algo que puede catapultar a cualquier equipo a niveles máximos de motivación y productividad.

Junto con todo esto, hay algo que a mi me llama especialmente la atención de SCRUM, y es su peculiar forma de entender la gestión de personas y del talento.

 

Rompiendo el paradigma clásico de gestión del talento

Sutherland hace una peculiar llamada a quitar foco del individuo y ponerlo más en el equipo. Según él, la mayoría de las organizaciones están mucho más centradas en los individuos que en los equipos (primas por rendimiento, ascensos, contrataciones, evaluaciones del desempeño, planes de formación, etc.) y esto es un grave error de enfoque debido a que:

  • Hoy la producción es, sobre todo, un resultado de equipo. Si conseguimos que los equipos se alineen con un propósito, trabajen con autonomía y combinen bien capacidades y diversidad obtendremos una productividad máxima.
  • Cambiar el rendimiento de un equipo tiene mucho más impacto que cambiar el rendimiento individual que, además, también acaba produciéndose. Y es que ayudar al equipo hace que este a su vez ayude a sus miembros a desarrollarse como profesionales y a convertirse en mejores personas: “Haciendo que todo el mundo trabaje unido, el equipo ayuda al hedonista a mirar hacia delante, convence al nihilista de que existe un futuro sin lamentaciones, y les dice a los directivos inmersos en esa eterna carrera de locos que en realidad existe un camino mejor”.

SCRUM fue una respuesta metodológica a los valores del Manifiesto Ágil y es una metodología óptima para mejorar resultados con equipos de proyecto. Ahora bien, lo que más me gusta es que cada parte del método (su formato de reuniones, la transparencia de los procesos, el uso continuo del feedback, etc) facilita el desarrollo y la productividad de todos los miembros del equipo. También, incluso, la solución de los problemas de rendimiento individual.

En mi opinión, el desarrollo de competencias “blandas” sigue siendo un catalizador importante del SCRUM.  Ahora bien, ¿qué comportamientos directivos y procesos de RRHH deberían modificarse cuando ponemos el foco en el equipo en vez de ponerlo en el individuo?