La dieta suele asociarse a la salud… del cuerpo: “Mens sana in corpore sano”. Sin embargo,  tener una mente sana y, por consiguiente, en las mejores condiciones para ser productiva también precisa de cierta “dieta”. Una dieta que en este caso entenderíamos como una selección de actividades que fomentan un estado cerebral óptimo. No tenerlas presentes tiene consecuencias. De la misma forma que comer inadecuadamente las tiene para nuestra salud física.

Daniel J. Siegel, un psiquiatra reconocido mundialmente, nos habla de los 7 platos básicos de la mente sana. Son 7 actividades que se deberían hacer con regularidad diaria. Así pues, todas ellas necesitan tiempo. Pero un tiempo que, gracias a la “neuroplasticidad”,  se traducirá en desarrollo de tu cerebro y de sus conexiones.

Afortunadamente son actividades a las que muchos dedicamos algo de tiempo. ¿El suficiente?, ¿En todas?

 

1.Tiempo interior

La ciencia dice que cuando dedicamos atención a las cosas que nos pasan por dentro, desarrollamos y fortalecemos los circuitos prefrontales. Quizás por ello, la meditación ha pasado de ser una actividad “new agy” a convertirse en una práctica cada vez más aceptada de liderazgo.

Sin embargo, es fácil que las prácticas de meditación y mindfulness en general sean difíciles de integrar en el día a día. Y en un ejercicio de pragmatismo, quizás lo más práctico sería realizar un ejercicio sencillo de 3 minutos varias veces al día. Una herramienta que a mi me parece muy útil para ello es esta aplicación. Más adelante, podrás sacar tus propias conclusiones o probar con herramientas más sofisticadas del propio Siegel.

 

2.Tiempo de sueño

El silencio y el sueño son 2 necesidades básicas de la mente que se han vuelto lujos. Sin embargo, si el sueño no es suficiente en cantidad y calidad:

  • el cerebro no crece adecuadamente,  la memoria no se asienta correctamente y tu nivel de atención se reduce.
  • la insulina no funciona bien y puedes coger peso.
  • el estrés se eleva y el sistema inmunológico funciona peor.

En esta línea y en este TED, Arianna Huffington (sí, del “Huffington Post”) nos da pistas sobre cómo la clave para una vida más productiva, más inspirada, más alegre es… descansar lo suficiente.

 

3. Tiempo de concentración

Cuando centramos nuestra atención, estamos canalizando la energía, generando neurotransmisores, activando circuitos cerebrales y consolidando estructuras cerebrales que favorecen así el aprendizaje. Este proceso es óptimo si nos centramos en las cosas de una en una. Lo contrario también es cierto, esto es, dispersar la atención en varios aspectos entorpece el desarrollo cerebral y el aprendizaje.

Como en todas estas actividades, mejorar tu capacidad de concentración te ayudará además a mejorar tu capacidad productiva. Una herramienta clave para estar “en el aquí y el ahora” es la respiración. Puedes ir haciéndote con este “panel de control” practicando algunas técnicas como éstas.

 

4. Tiempo de juego

Aunque lo olvidemos con frecuencia, además de “homo sapiens” también somos “homo ludens“. Nuestro cerebro también crece cuando nos divertimos y nos comportamos de manera espontánea. Algo difícilmente practicable cuando se pone todo el foco en controlar para conseguir objetivos por los que somos evaluados y comparados con los demás y nada de foco en la exploración creativa.

En esta línea, Stuart Brown, un pionero en la investigación sobre el juego, asegura que jugar y divertirse nos hace más felices e inteligentes a cualquier edad.

 

5. Tiempo de actividad física

Hay artículos de todos los colores que inciden en los beneficios del ejercicio sobre la productividad. El trasfondo neurológico de ello es que, cuando movemos el cuerpo, fomentamos la neuroplasticidad, esto es, creamos nuevas conexiones en el cerebro y las fijamos, aumentando nuestra capacidad de concentración. Además, producimos endorfinas, que nos hacen sentir mejor.

Sería ideal practicar algún deporte que nos guste o al menos que no suponga una tortura. En otros casos, no nos quedará más margen que obligarnos a adquirir el hábito de andar, subir escaleras … o buscar algún plan exprés.

 

6. Tiempo de inactividad

Además del tiempo de sueño y de las vacaciones, las investigaciones insisten en la importancia de destinar un tiempo a diario para “no hacer”, para relajarnos, descansar y desconectar sin ningún objetivo establecido. E insisten en que el gran secreto para ser más productivo es trabajar menos horas. Se trata de buscar un tiempo solo para relajarnos. No es, por lo tanto, un tiempo para seguir manteniendo divagaciones mentales, y si te resulta difícil, aquí puedes encontrar alguna pista para romper el hábito de pensar demasiado.

Y, puestos a ser prácticos, al menos podríamos utilizar la técnica de las minipausas para “echar monedas” a nuestra mente antes de que se nos agote “el parquímetro”.

 

7. Tiempo de conectar

Siegel se refiere a tiempo de conexión presencial, física… no al de conectar virtualmente. Un tiempo para la conversación fluida y reflexiva con otros. Siegel habla de la necesidad de “sentirse sentido” para ser así parte de algo más grande que nuestro propio yo. Cuando conectamos y sintonizamos con otras personas creamos “resonancia y esto hace que nuestro cerebro se integre mejor.

Tal y como concluye un estudio sobre felicidad y longevidad de la Universidad de Harvard  que se ha desarrollado durante 76 años, “en el caso de las personas más satisfechas en sus relaciones, más conectadas a otros, su cuerpo y su cerebro se mantienen saludables por más tiempo“.