La autenticidad está en el corazón de la generación de confianza y del liderazgo. Y consiste en establecer una relación de persona a persona al margen de los roles impuestos, los fingimientos y las técnicas.

Sin embargo, conviene diferenciarla del “yo soy así” y del “decir las cosas a las claras”. Ser auténtico no es lo mismo que ser sincero o ser tú mismo. Cuando falta la comprensión empática, la autenticidad queda coja y la sinceridad nos aleja de nuestra humanidad… y de la eficacia interpersonal.

 

Los cuatro escalones que llevan a la autenticidad

Pilar Jericó nos explica de una forma muy gráfica cómo podemos chequear nuestra autenticidad. Y de paso, cómo podemos mejorarla e impulsar la calidad de nuestras conversaciones.

  • Los dos niveles más básicos de la autenticidad son los que se corresponden con lo que se entiende como ser sincero. Aquello del “yo siempre digo lo que pienso”… aunque a la otra persona le caiga como una losa. Humanamente es, cuando menos, cuestionable. Interpersonalmente es muy poco productivo porque pondera sobre todo nuestros intereses sin tener en cuenta los del otro. Algo que se nota. Para salir de estos niveles básicos necesitamos preguntar y escuchar más. Y valorar seriamente lo que nos dicen para aprender y adaptarnos.
  • Al tercer nivel de la autenticidad se llega indagando en los intereses o propósitos de la otra persona. Al cuarto en un ejercicio de “ganar-ganar”, tratando de satisfacer todos los intereses:

Si quieres tener buenas relaciones, sé auténtico

La autenticidad es mucho más que sinceridad a pecho descubierto. No vale con decir lo primero que se te pasa por la cabeza, tipo “te queda fatal lo que llevas” o “qué desastre de trabajo has hecho”. Esas frases podrán ser “técnicamente” muy sinceras, pero no sirven de mucho.

Si quieres autenticidad, tendrás que desarrollarla

Para ser un buen líder has de ser una persona auténtica. A priori, podría parecer contra-intuitivo que la autenticidad requiera tiempo.  Pero la autenticidad se debe entrenar y pasa por tener conversaciones de más calidad con los otros y con nosotros mismos.  Es algo activo, una elección que implica estar comprometido con aprender sobre ti mismo y realizar cambios en la forma en la que piensas y en la que te comportas, basándote en lo que vayas descubriendo. Requiere tomarte un tiempo para descubrir tus fortalezas y debilidades y para desarrollarte.