Mindfulness

 

Hoy todos sentimos la tremenda dificultad de estar “en el aquí y ahora”: algo que  afecta de un modo global a nuestras vidas y de un modo concreto a nuestra productividad personal. Quizás esto haya contribuído a que el llamado “Mindfulness” esté de moda. ¿Puede ser un camino interesante de recorrer o hay alguna alternativa que se pueda adaptar mejor a lo que realmente necesitamos?

Mindfulness. Un punto de vista crítico

Quisiera ser respetuoso. Habrá quienes seguramente hayan encontrado en el mindfulness una respuesta a la búsqueda de atención plena. Yo no creo que sea la mejor opción, y no porque no haya explorado este territorio.

Durante más de 20 años he sido practicante de yoga y lo he estudiado con devoción y una cierta profundidad. Quizás por eso he probado en algunas ocasiones el uso de técnicas de control de la respiración o de relajación en mis sesiones de coaching o en mis talleres. También algunos de mis posts han tratado de despertar “el gusanillo” como, por ejemplo, cuando he contado mi rutina “Cuanto antes”, cuando he tratado las técnicas de respiración para el control emocional o cuando he introducido alguna práctica de relajación.

Con el paso del tiempo, mi valoración final es que:

  • Resultan agradables y que despiertan curiosidad pero que rara vez acaban siendo útiles a medio o largo plazo  para quienes toman contacto con ellas.
  • Son prácticas difíciles de dominar por falta de perseverancia y debido al tipo de actividad frenética en la que muchos estamos inmersos en occidente.
  • Las propuestas que se hacen para “aprender”mindfulness suelen acertar poco cuando van dirigidas a entornos profesionales. Lo que a mi me cuentan a menudo tiene como factor común que las prácticas suelen abandonarse por poco aplicables y que suelen coincidir poco con expectativas que a veces están desenfocadas.

No obstante, más allá de que las prácticas que se vienen proponiendo sean más o menos acertadas, sí que parecen existir evidencias que apoyan el interés de cultivar y lograr estados de conciencia plena:

 

 

“Higiene mental”, una nueva necesidad

Estamos sometidos continuamente a estímulos/ “tentaciones” que nos hacen perder la atención. Unas veces vienen bajo la forma de mails, whatsapps, llamadas o diversas interrupciones “externas” pero otras se disfrazan de conversaciones que mantenemos con nosotros mismos en nuestra cabeza:  ¿Cuántas veces a lo largo del día “conversas contigo” o trabajas en algo pero estás recordando simultáneamente otra cosa que no quieres que se te olvide o que tienes que hacer o que quieres hacer o que debes hacer o que a ver si haces…mañana…?

Sea como fuere, todo lo que aparece en nuestra cabeza dificulta que nos centremos, aumenta nuestro estrés y reduce nuestra aportación de valor para los objetivos o resultados que buscamos. No hacer algo con todo esto equivale a utilizar nuestra cabeza como un contenedor de basura. Porque, efectivamente, todo lo que nos distrae en aquellos momentos que exigen lo mejor de nosotros mismos es pura basura: bloquea nuestra memoria operativa (la que necesitamos para ir resolviendo cosas en el presente) de la misma forma como las muchas ventanas en un ordenador bloquean su memoria RAM.

Me llama la atención cómo es habitual plantearse la dieta, el ejercicio físico o incluso la higiene personal como un asunto vital y cómo no nos planteamos al menos con el mismo nivel de importancia algún tipo de ejercicio de “higiene mental”. Por ejemplo, ¿Por qué no dejas de prestar atención a las noticias si te aturden y te aportan poco?

Cambiar la forma en que tu cerebro funciona… con GTD

Hoy es una evidencia que utilizamos el cerebro como nos enseñaron a hacerlo, es decir, de una forma adecuada a una realidad que ya no existe. Pero si queremos adaptarnos mejor al nuevo medio en el que estamos necesitamos aprender a utilizar nuestro cerebro de una forma diferente.  Y en esto, la “higiene mental” no es suficiente pero sí necesaria: ¿Por qué no plantearse desarrollar a diario (de la misma forma como nos planteamos comer, ducharnos o limpiarnos los dientes) algún hábito como, por ejemplo: “Tener siempre un block de notas cerca para ir anotando todo lo que surja (y que ya procesaré más adelante)”?

Obviamente, el ejercicio de “higiene mental”, para ser efectivo, tiene que combinarse con algunas cosas más. Al igual que si seguimos una dieta tenemos que preparar la comida, también tendremos que procesar adecuadamente las notas que hemos ido tomando para tenerlas a nuestra disposición cuando sea necesario. En esto, GTD me da una sistemática para cerrar bien el círculo y dedicar tiempos de calidad a pensar y elaborar todo lo “capturado” de tal forma que mi mente pueda centrarse al confiar en que esos temas serán tratados cuando corresponda.

Siendo prácticos, me atrevería a decir que GTD es la forma más efectiva de acceder al estado de atención plena que busca el “mindfulness”.