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Es una dificultad que siempre sale en los talleres de productividad personal y que suele empezar por aquello de… “todo eso que dices es muy bonito, PERO…”  ¿cómo hacer para poner límite a las nuevas tareas que van llegando y para no dejarlo todo cuando me interrumpen?

En esto de la “asertividad hay una “regla general” que es aquella del “Puño de hierro en guante de seda”, es decir, se trata de defender tus intereses siendo correcto en las formas y en la atención a la otra persona. Algo difícil para quienes nos sentimos cómodos diciendo las cosas directamente pero también para los que tratamos de evitar el conflicto. Por eso, a unos y otros nos puede venir bien algo así como un “método general” que se podría resumir en:

  1. Presta atención y escucha
  2. Compara lo que te plantean o piden con tus “prioridades”
  3. Si tienes otros asuntos prioritarios, di que “NO” (puede que te resulte difícil el uso de la palabra pero es necesario)
  4. Trata de dar alguna alternativa a la persona (otro momento, por ejemplo)
  5. Cállate (ya que cualquier cosa que digas tiene riesgo de convertirlo todo en un “SÍ”)

Otro punto de atención en las cosas que nos llevan a “sobre-comprometernos” es no caer en poner fechas a todo, proponer o aceptar innecesariamente  fechas-límite demasiado exigentes, cosas que también se suelen hacer por costumbre, por baja asertividad o por suponer o entender que los otros tienen más urgencia de la que realmente tienen. Para darle la vuelta a este hábito, las claves están en gestionar adecuadamente las interrupciones y trabajar mejor con fechas objetivas.

Si se hace bien, como dice Jerónimo Sánchez: “tomar decisiones siempre es sencillo y no debe generar estrés. Otra cosa es que ciertas actividades —como tener que decirles a tus clientes que no los podrás atender— te generen cierto estrés”. Si todo esto te suena a algo podrás encontrar pistas en este artículo suyo:

 

Toma de decisiones y estrés | Jerónimo Sánchez | Productividad personal y metodología GTD