Buscar la productividad es algo que para muchos sigue teniendo connotaciones negativas. Y es que la palabra «productividad» ha estado vinculada a esquemas mentales y organizativos basados en el control y la explotación de las personas. Productividad era cantidad por unidad de tiempo y el medio era el control.

Pero hay otra forma de entender la productividad. La que tenemos los que nos guiamos por  la teoría Y. La de los que la vemos como uno de los tres vértices de un triángulo también compuesto por la motivación y la felicidad. Incluso nos atrevemos a decir que aplicar un sistema productivo como GTD es algo que te puede cambiar la vida.

LA FELICIDAD ES PRODUCTIVA

Me gusta mucho la idea de cómo la gestión de la llamada «wifi emocional» condiciona de una manera fundamental el trabajo de los equipos. Es algo sobre lo que siempre trato de sensibilizar en las dinámicas para innovar y en general en todo lo que tiene que ver con liderazgo, comunicación y productividad de los equipos. En cualquier caso se trata de un terreno un poco resbaladizo ya que muchas veces suelen colarse planteamientos «happy flower». En esta línea, y si te detienes unos minutos a escuchar a  Shawn Achor, te lo vas a pasar bien durante los primeros minutos de la conferencia de este psicólogo. Sin embargo, si la tomas a partir del minuto 8, encontrarás algunos datos que quizás te hagan pensar:

  • Solo el 25% del éxito es predecible por el coeficiente de inteligencia. El 75% dependen del nivel de optimismo, del apoyo social que la persona tenga y de percibir la presión como reto en vez de como amenaza.
  • La persona optimista es el 31 % más productiva. Si se dedica a la actividad comercial obtiene el 37% de mejores resultados. Si trabaja en medicina puede ser un 19% más rápida y precisa en sus diagnósticos.

Buscando los fundamentos de estos datos, Achor dice que pensamos que hay que tener éxito y que eso nos traerá la felicidad pero el cerebro trabaja en sentido opuesto: la dopamina te hace sentir más feliz pero también ser más productivo: activa los centros de aprendizaje y mejora tu capacidad de adaptación. Así pues, el cerebro en positivo trabaja mucho mejor que cuando está en negativo, en neutro o estresado.

 

ENTRENANDO LA POSITIVIDAD

Si buscamos algún «cómo», la psicología positiva, además de fundamentos científicos nos da algunas fórmulas muy simples y concretas para ir entrenando nuestro cerebro y poco a poco ir alcanzando un mayor nivel de positividad:

  • Identificar todos los días 3 aspectos positivos, experiencias positivas o motivos por los que sentir gratitud. Nos dicen que puede ser suficiente con dos minutos al día durante 21 días para lograr que el cerebro cree el hábito de fijarse primero en lo positivo, pero aunque fueran algunos más quizás merezca la pena probar…
  • Practicar con regularidad ejercicio y/o meditación. Esto puede ayudar especialmente a superar la falta de atención por intentar hacer muchas cosas a la vez y a concentrarse en una sola cosa.
  • Realizar conscientemente a diario algún acto «positivo» aleatorio como, por ejemplo, agradecer o reconocer a alguien.

En fin, para que si quieres puedas ir un poquito más allá de todo esto, te dejo aquí abajo la conferencia de Shawn Achor y  esta otra conferencia -más a fondo- realizada en el Colegio de Psicólogos de Madrid.

 

 

Photo by: Paul Love