Los extremos se juntan y la virtud, en el límite, puede dejar de serlo. En la medida en que te organizas mejor y eres más productivo, por ejemplo, puedes caer en saturarte de tareas. Como eres más eficiente hay espacio para más. Lo he visto en otros y en mi mismo: atiborrar de «cosas» el día a día. En las siguiente líneas voy a tratar de apuntar a que el «no hacer» puede tener algún sentido. Algo que seguramente no va a ser muy popular. Pero no te preocupes: seré breve ;-)

Resulta que empiezas a utilizar bien un sistema de productividad personal (como GTD). Una de las primeras consecuencias es que vas a poder llegar a mucho más. En esta situación, lo habitual es que la inercia te lleve a montarte en el tren de la hiperactividad. Por un lado vivimos tiempos en los que siempre hay más cosas para hacer que tiempo disponible. Por otro, no suele estar bien visto no «meter horas» (aunque esto pueda ser ridículo). Además, resulta que nos han grabado a fuego la mentalidad del «homo faber» y muchos no sabemos sentirnos bien sin actividad incesante. Todo funciona como si esta inercia nos arrastrara hasta el agotamiento o hasta volver a caer en la improductividad por la ley de Parkinson.

En la búsqueda de algún tipo de salida a esta especie de trampa me resulta muy inspirador algo que oí decir a José Miguel Bolívar: «Os invito a procrastinar activamente. Es productivo«. Según dice, nos han educado mal de pequeños cuando nos han enseñado aquello de «no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy» ya que lo verdaderamente importante es que no dejes de hacer hoy aquello que es más importante que hagas hoy mismo (ese Pareto del 20% de acciones que te darán el 80% de los resultados). Si haces esto no te plantearás una lista interminable de tareas cada día ni te irás a dormir con la frustrante sensación de no haber llegado a todo lo que pensabas hacer.

La cuestión que se abre es qué hacer entonces después de haber terminado con esas tareas que no puedo dejar para otro día. ¿Adelantar las que podría hacer mañana?, ¿Realizar tareas menos importantes?

Y en la respuesta a estas preguntas llego a lo que creo que puede estar en el límite de lo aceptable en un post sobre productividad: si tienes cierta autonomía puedes dedicar el resto de tu tiempo a «no-hacer». No sé si es irse a un planteamiento extremo del estilo «La semana laboral de 4 horas» o tratar de introducir -insisto que en la medida de nuestra autonomía- un mayor equilibrio entre actividad y descanso/ocio/procrastinación. Sé que esto del «no hacer» va contra casi todo. En algunos casos hasta contra nuestros valores, nuestra ambición o nuestra energía. Pero también pienso que un componente esencial de una buena dieta para nuestra mente y de un equilibrio para nuestra vida es el «no hacer». «No hacer» incrementa como nada nuestra capacidad productiva. Y en consecuencia nuestra creatividad y nuestro potencial de aportar valor.

Si te interesa el tema, aquí encontrarás referencia a una investigación sobre los efectos de la meditación en nuestras capacidades de atención y procesamiento. Quizás la sospecha de que «no hacer» puede ser útil derribe algún que otro prejucio.