Simplicidad y dificultad del coaching

Water drop on leaf

 

Las claves del coaching no son complejas. Puedes creer o no en sus fundamentos pero su filosofía, herramientas y métodos son fáciles de entender.

Las claves del coaching tampoco son nuevas,son conocidas desde tiempos muy antiguos. Sistemas milenarios de desarrollo como el yoga, por ejemplo, insisten en la importancia de establecer formas de relación centradas en no enjuiciar, en escuchar desde el silencio de la mente, mantener una actitud absolutamente receptiva o no proyectarse en los demás. También es clásico mencionar aquí a Sócrates y su conocido método, claro.

Nada de esto es difícil de entender… la dificultad y el mérito del coaching están, como en todo lo artesano (tal y como lo explica Sennet), en una aplicación en la que más allá de la ciencia entramos en campos menos tangibles como los de la consciencia, la intución y la creatividad. Es por esto que, desde mi punto de vista, la eficacia del coaching suele diluirse en el nivel de desarrollo personal del coach. Y este no tiene que ver con conocimientos sino con sutilezas de tipo psicológico.

No quiero decir con esto que se pueda prescindir de métodos y técnicas. Son un “must”. Pero por sí solos son insuficientes. Maś allá de ellos yo veo tres claves para aproximarse a un buen ejercicio del coaching que desde mi experiencia son especialmente importantes y que trato de aplicar en mis propias sesiones. Estas son: la capacidad de mantenerse presente, la eficacia a la hora de mantener a raya las propias tendencias y la formación permanente del coach:

1.DESARROLLAR LA ATENCIÓN AL PRESENTE

Es fácil que hayamos desarrollado una fuerte tendencia a vivir condicionados por referencias del pasado (recuerdos, experiencias, teorías, modelos…) y por visiones del futuro (deseos, ideas, esperanzas…). Es una parte esencial de la educación y socialización que hemos recibido.

Sin embargo, lo real es que solo existe el instante efímero del presente. El pasado nos puede llevar a pasar las realidades nuevas y vivas que nos cuenta el coachee a través de filtros viejos. El futuro y los deseos que van a él unidos a veces también nos restan atención del presente, y por lo tanto dificultan una escucha activa plena por parte del coach. Este tipo de escucha de alta calidad no es algo que se adquiere leyendo libros y asistiendo a cursos. En su lugar entiendo que habría que cultivar la escucha desde la propia práctica constante, la autoobservación (de nuestras pérdidas de atención y conversaciones con nosotros mismos)y -un poco más allá-de un cierto dominio de técnicas de relajación y de algún tipo de meditación que nos ayude a sentirnos más centrados.

2. DESARROLLAR LA ATENCIÓN AL OTRO

Es difícil “ver con los ojos de un niño” porque la realidad es que cada uno de nosotros “no vemos las cosas como son sino como somos” y esto implica que podemos condicionar al otro con nuestros propios filtros y prejuicios.

Entiendo que la teoría deja claro que no hay que interferir en el proceso de discernimiento y de toma de decisiones del coachee. También siento a veces, por el contrario, una tendencia -difícil de frenar- a sugerir o dar al coachee alguna solución, técnica o método. Y no hay que menospreciar la influencia que puede tener un coach solo por el hecho de serlo para el coachee… en este punto creo que la autoobservación de las tentaciones propias a enjuiciar o responder es también una práctica en la que conviene entrenarse a diario.

3. “FORMACCIÓN” PERMANENTE DEL COACH

La formación clásica es pasiva. Creo que, además, en el management en general y en el coaching en particular está bastante condicionada por lo que dicen desde el oráculo de los gurús. Desde mi experiencia propongo desconfiar de los gurús. Tengo muchos ejemplos propios y ajenos de decepciones al comprobar la falta de coherencia entre lo que muchos dicen y hacen. En general creo que es mejor lo que dicen que lo que hacen y que por lo tanto podríamos tomarlo como referencia. Pero sin mitificaciones.

La “formAcción” es la forma natural de aprender. Implica aprender desde la propia acción. Más allá del propio ejercicio del coaching como práctica de la que aprender, podemos buscar escenarios cotidianos en los que practicar en nuestro entorno personal, con nuestros hijos y compañeros de trabajo. No son espacios que reúnen requisitos para que podamos hablar de que estemos haciendo coaching pero sí pueden facilitar el entrenamiento de nuestras capacidades.

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