Hay personas a las que dedicamos una parte importante de nuestra energía y merece la pena. Hay otras que la absorben cual vampiros y nos desvían de nuestros propósitos. Por eso es importante saber cómo tratar con la gente tóxica.
Sin embargo… ¿por qué es tan fácil ver como tóxicos a otros? Yo tengo unos cuantos cerca pero… ¿Y si yo lo soy? (naturalmente, y lo que suele ser peor, sin darme cuenta). Sí, la verdad es que a algunos nos gustan esas citas del estilo “Cuando señales con el dedo recuerda que tres dedos te señalan a tí” pero también es cierto que aún creyendo que estamos avanzando, la mayoría de las personas nos pasamos toda la vida dando vueltas en círculo. Porque eso de ser tóxico no va conmigo. Ni siquiera un poquito. Ni siquiera algún día.
Es habitual volcar nuestra atención hacia fuera sin prestarnos casi atención a nosotros mismos y a cómo influimos en los demás. Conozco, por ejemplo, a muchos profesionales que pasan “el rodillo” por sus equipos bajo la creencia de que hay que cambiar la conducta de las personas para que “se pongan las pilas” y de que para ello hay que “aplicar consecuencias” (como si las personas solo respondiéramos a esquemas de premio y castigo). También he visto cómo sus “colaboradores” acaban convirtiéndose en tóxicos tras sufrir estos planteamientos compuestos de desconfianza y de control. Esto mismo se ve en muchas situaciones: “mis directivos tienen que ser mejores lideres”, “mis colaboradores tienen que saber trabajar mejor en equipo”, “los responsables de proyecto han de tener más iniciativa”, “mi pareja tiene que preocuparse más por mi”, etc. Sin embargo es fácil olvidar que “dar el ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera” (Einstein).
Hay un juego curioso que consiste en observar el propio dedo pulgar a varias distancias conforme lo vamos acercando a nuestra nariz. Cuanto más cerca, más borroso lo vemos. Es una metáfora de todo ésto: vemos con mucha dificultad lo que tenemos encima y, en el extremo, a nosotros mismos.
Es como si fuera fácil caer en el autoengaño de que somos mejores que los demás, proyectamos en otros lo que menos nos gusta de nosotros mismos y así nos sentimos mejor con esta trampa de nuestros egos. Muchas veces pensamos que hay que cambiar a los demás pero la realidad es que la única forma de cambiar nuestra realidad y de influir positivamente en otros es autoobservándonos mejor y mejorando nosotros.
¿Cómo tratar con la gente tóxica? Vigilando nuestra propia toxicidad y tratando de ser una fuente de contagio de estados emocionales positivos. Las “neuronas espejo” de los demás lo detectarán
y así podremos hacer nuestro el proverbio hindú de que “Nada ha cambiado. Solo yo he cambiado. Por lo tanto todo ha cambiado”.



Tenemos que mirarnos nuestro propio ombligo constantemente, no debemos desfallecer aunque lo que siga predominando en las organizaciones y parte de la sociedad sea el modelo del rodillo, ” a ver quien lo pasa mejor y más fuerte, caiga quien caiga, sin mirar las consecuencias”, necesitamos un nuevo modelo de relaciones y como bien dices con el proverbio hindú “Nada ha cambiado. Solo yo he cambiado. Por lo tanto todo ha cambiado”
Gracias, Julio, por tu comentario. Quizás sea bueno cierto equilibrio entre observarse a uno mismo y estar atento a las reacciones de los otros. Lo que hacen otros no es solo por sus actitudes y valores sino por la (des)confianza y (no)autenticidad que les transmitimos. Desde mi punto de vista veo que en general necesitamos observar más y juzgar menos. También creo que es importante acostumbrarse a entender que lo que nos pasa es en gran parte debido a nuestras propias decisiones.
Quien esté libre de toxicidad que tire la primera piedra. Todos de algún modo nos hemos despistado y hemos permitido contaminarnos con una cierta dosis de toxicidad dañina para nosotros mismos y para los demás. Sinceramente creo que no hay vacuna posible más allá de estar atento a los síntomas, es decir, prestando atención a lo que sentimos y al feedback de mejora de los demás. Y si, hay antidoto, rodearse de gente no intoxicada o que tiene altas capacidades para la curación, porque ese espíritu es altamente contagioso.Abrazos no tóxicos.
Hola, Visi:Por eso debo de estar tan a gusto en los proyectos que compartimos. ¡A ver cuándo surge el próximo!¡Un abrazo!
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