Trabajar por proyectos es una oportunidad de «reiniciarnos», de «redimirnos», de cambiar viejos hábitos por nuevos.

Antes, cuando los equipos eran maś estables en el tiempo, los errores en el proceso se podían pagar durante toda la vida. Las pérdidas de confianza por pequeñas cosas acababan haciéndose grandes. Las etiquetas que nos poníamos unos a otros tendían a crear «profecías autocumplidas«. Las excusas para no cambiar las propias conductas o hábitos estaban abonadas por la dificultad real de recuperar la confianza perdida.

Ahora, los proyectos son «la segunda oportunidad» (o la tercera o la cuarta…). Además de tener cada uno sus propios objetivos «de tarea» pueden ser un buen campo de prácticas para la introducción de nuevas formas de actuación que nos pueden llevar a ser más eficaces. Son una especie de «reset» (sobre todo si cambian las personas).

Tanto en mis talleres de «equipos productivos» como cada vez que empiezo un nuevo proyecto trato de recordar la importancia del llamado «efecto de primacía«, según el cual hay que cuidar especialmente los primeros momentos dado que lo que sucede en ellos condiciona de un modo especial todo el proyecto (sobre todo desde el punto de vista motivacional y social). Y la «lista de control» para empezar a «dirigir/ conducir» bien un equipo de proyecto  señala que aquí hay una serie de aspectos y de hábitos que se deben cuidar especialmente:

  1. Buscar activamente la forma de que las personas puedan participar lo más ampliamente posible desde las fases más iniciales. Me gusta la cita de «Si lo creo (de «crear»), lo creo (de «creer»)», ya que sugiere la clave nº1 de la implicación.
  2. Debo asegurarme de que todos tengan claro el sentido del proyecto (misión, roles y objetivos del equipo y de cada uno de sus miembros) insistiendo especialmente en los objetivos compartidos. Es muy habitual que los objetivos individuales se coman los objetivos del equipo.
  3. Acordar unas «reglas de juego» (comportamientos deseables y no-deseables) que sean aceptadas por todos. Si lo hacemos al inicio son un compromiso pero si lo hacemos sobre la marcha pueden ser vistas como una imposición.
  4. Definir y acordar el método de trabajo y el proceso de toma de decisiones. Cada vez que nos empecemos a desviar podremos retomar el camino marcado.
  5. Cuidar y promover especialmente y de un modo constante la comunicación (multicanal y de calidad) y el feedback. Casi todos los problemas vienen de malentendidos o de suposiciones sobre las que no hemos conversado.
  6. Pasar mucho más tiempo haciendo preguntas que dando respuestas. Las respuestas generan comodidad pero las preguntas generan mayor conciencia y responsabilidad.
  7. Prestar atención a lo que necesita cada persona y ofrecerle apoyo. La empatía y el cuidado de la «wi-fi emocional« son la base del clima en el que las personas van a ofrecer lo mejor de sí mismas.