Give

 

Ayer me “auto inmolé”. Bueno, tampoco hay que dramatizar: simplemente opté por los intereses del cliente a costa de los míos. Y es que no hacíamos falta dos consultores para abarcar los objetivos del proyecto. Conmigo el proyecto quizás hubiera tenido otras aportaciones, pero al cliente le vale con la mitad. Y claro, esto el cliente no lo sabe… pero nosotros sí. Así que le propuse a mi partner que se encargara totalmente del proyecto y le ofrecí mi ayuda para lo que necesitara.

Supongo que son cosas del trabajo artesano y de los valores 2.0.

Por un lado te sientes bien porque crees que has sido coherente con la declaración y con la ética hacker, porque reconoces que todo lo que eres es también fruto de las aportaciones que otros te han hecho gratuitamente, porque la vivencia te ayuda a crecer en tus principios (cosa que en mi experiencia resulta mucho más complicada cuando formas parte de la dinámica de una consultora industrial). También te sirve para disipar dudas respecto a si estás realmente comprometido o solo te llenas la boca.

Sin embargo, en la parte más higiénica (la renuncia al dinero) he sentido el vértigo de ir a la contra, de sumar otro proyecto al que contribuyes desinteresadamente, de no tener muchas probabilidades de que tu gesto vaya a darte algún rendimiento a largo plazo.

Confieso que me da un poco de vergüenza decirlo. Me da la sensación de ser muy pequeño frente a la generosidad que percibo en otros compañeros de red… Aunque al mismo tiempo me parece éticamente inaceptable mi participación en este proyecto.

Por eso mi dilema es el siguiente: Ha merecido la pena. Ha sido éticamente correcto… pero, ¿no habrá alternativas éticas que sean menos” costosas”?

Yo ya me empiezo a contestar: me temo que no caben trampas. A veces hay que elegir entre “deber” y “tener”.

 

Photo by: Micah Esguerra