Creatividad
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Si pensamos en la situación de “crisis”, nuestro cerebro se bloquea y perdemos la capacidad de poner nuestra atención y nuestro pensamiento constructivo en otros temas que también son relevantes y que quizás a largo plazo sean vitales. Uno de ellos es el “medio ambiente” y -si bien de una manera muy peculiar- tiene mucho que ver con las ideas.

En cierto sentido el problema de las ideas es un problema medioambiental, ya que las ideas “viven” en un ecosistema extremadamente delicado que depende de la abundancia y equilibrio de tres elementos:

• Un clima en el que las ideas puedan germinar y desarrollarse
• Una gran abundancia de semillas de ideas
• Elementos de dinamismo que favorezcan el cruce, la multiplicación y el enriquecimiento entre las semillas de ideas.

Cada uno de estos tres elementos depende de la puesta en juego de personas inteligentes, si bien no tanto en la dimensión lógica, racional e hipotético-deductiva de nuestra inteligencia cuanto en facetas mucho menos entrenadas en el proceso de socialización y aprendizaje clásico. Me refiero a aspectos de nuestra inteligencia tales como el emocional, el creativo y el social, que trabajo en mi taller de dinámicas para innovar.

Es muy claro que el proceso de la innovación también requiere de lógica, de sentido crítico y de planificación, pero esta parte de nuestra inteligencia ha sido el núcleo principal de toda nuestra formación y no suele ser en este campo donde suelen estar las claves y retos principales a la hora de dar con buenas ideas.

Ilustrándolo de otra manera, la educación “clásica” ha sido la de las tres Rs (Reading, wRiting, aRithmetics), pero quizás ahora las claves de los nuevos tiempos podrían ser las tres Cs (incremento de nuestros niveles de Consciencia, desarrollo de la Compasión o empatía, y Creatividad).

Y… ¿cómo andamos en estos tres aspectos?… En general, mal.

Inteligencia emocional para las ideas
Goleman nos recuerda de una manera muy gráfica en su «Inteligencia Social» que a cada instante somos – al igual que emisoras de radio- creadores de entornos.

Cada uno de nosotros vamos transmitiendo verbal y no-verbalmente, consciente y no-conscientemente emociones positivas y negativas que se contagian imperceptiblemente a las neuronas “espejo” de otras personas. Es un proceso muy parecido al del contagio.

Si estas emociones son negativas se traducen en miedo, preocupación y ansiedad y hacen que el cerebro funcione por una vía inferior que desemboca en un rendimiento y una eficacia cognitivas que en el mejor de los casos son mediocres. En este “clima”, las personas se muestran reacias a hablar, a compartir nuevas ideas y a relacionarse.

Muy sintéticamente, la creación de entornos emocionales positivos en los que las ideas puedan nacer y desarrollarse no es una cuestión de diseñar unas oficinas modernas, espectaculares y llenas de luz sino que depende a “nivel macro” de considerar seria e individualmente el cuidado y motivación de cada persona del equipo, y a “nivel micro” de autoobservarse y potenciar palabras y gestos básicos tales como la sonrisa, el saludo, el agradecimiento, la pregunta interesada, la conversación respetuosa y estimulante y la escucha activa.

Y esto es algo que –seamos francos- necesitamos entrenar cada día, cada uno de nosotros.

Inteligencia creativa para las ideas
Estos son también tiempos en los que la competitividad depende de la diferenciación y, por lo tanto, de la innovación sistemática, y para ello precisamos de un medio ambiente en el que abunden siempre las ideas. Pero esto es algo que va en contra de esa parte de la naturaleza racional de la inteligencia que hasta ahora más hemos alimentado y que funciona por un principio de economía de esfuerzos a través de la repetición de esquemas mentales que siempre son los mismos o muy parecidos.

Parece ser que la inteligencia creativa (generativa, espacial, visual, intuitiva) reside en el hemisferio cerebral derecho. Esto es una mala noticia para la creatividad si tenemos en cuenta que está muy poco entrenado. Podemos darnos cuenta de esto cada vez que somos invitados a un ejercicio “no racional”.

A pesar de lo que se suele pensar habitualmente, el hemisferio cerebral derecho se puede entrenar a través de toda una diversidad de técnicas y la creatividad no es algo vinculado a un don natural sino a una puesta en forma.

Otro aspecto a tener en cuenta es que la mejor manera de tener una buena idea es tener muchas ideas, hecho que explica la frecuente frustración de no dar con alguna buena idea dado que a veces es como si se esperara que la inspiración viniera de un toque “divino”. Es importante utilizar diversidad de técnicas, hacerlo bien y dirigir el proceso adecuadamente y provocando la asociación de ideas.

Inteligencia social para las ideas
Respecto a la asociación, hay que decir que el “ecosistema de las ideas” se “poliniza” en el terreno de la conversación, de la escucha, de la asociación y de la colaboración. Desde el punto de vista psicológico, neurológico y hasta biológico las buenas ideas surgen de otras que quizás no lo sean tanto y de las relaciones que seamos capaces de establecer entre ellas. Por eso se dice que la inteligencia creativa es asociativa.

Juan Carrión explica esto remitiéndose a dos grupos de referencia: los neandertales y los cromañones. Los segundos, a pesar de su menor resistencia y cerebro, vivieron más y mejor porque eran más colaborativos que los primeros que eran más individualistas. Según este autor, “el esquema que conduce al éxito es: colaboración–aprendizaje–innovación”.

Hasta hace relativamente poco la asociación de ideas estaba circunscrita a técnicas y dinámicas de grupo presenciales. Sin embargo, y con la emergencia de la Web 2.0, existe una plataforma tecnológica sencilla y accesible a cualquiera, que nos pone virtualmente en contacto con una red ingente y diversa de personas con las que podemos colaborar para –entre otras cosas- encontrar las buenas ideas que estamos buscando.

Este es uno de los ingredientes más exquisitos de la llamada “empresa abierta” -basada en un modelo de ruptura de las barreras comunicativas internas y externas de la organización- y una de las razones del descubrimiento progresivo del enorme potencial de las “redes sociales” y del llamado “crowdsourcing”.

De un modo también muy sintético, hay algunas pautas elementales para moverse eficientemente en este “vivero” de ideas. Las que yo más veo son:

1. Asegúrate de cómo quieres ser percibido por tus clientes, crea o revisa tu slogan, mantente fiel a su esencia e intégralo en cada parte de tu negocio.
2. Identifica redes sobre todo -pero no solo- en función de tu mercado y marca. A ello te puede ayudar el List of social networking websites .
3. Utiliza blogs (para darte a conocer y abrirte al feedback ) y wikis (como foros para intercambiar ideas e investigar juntos).
4. Aprende de la cultura de cada red y participa. Dedica tiempo a preguntar, escuchar, conversar y asociar ideas.

En cualquier caso, sería un error tener sobreexpectativas y suponer que una mera inscripción en una aplicación social traerá como resultado inmediato las ideas buscadas. Aquí habría que recordar que también en los entornos digitales uno recibe en función de lo que aporta y paradójicamente uno suele recibir si está más pendiente de lo que puede hacer por los demás que al contrario.

En este último sentido, las redes sociales pueden ser también una escuela de valores.