Cómo manejar el “panel de control” de las emociones

Cierra tus ojos y concéntrate en el sonido más bajo que puedas escuchar en el lugar donde te encuentras o centra tu atención en un objeto cualquiera…

Segundos después, observa tu respiración y comprobarás que, de forma inconsciente, cuanto más te concentras, la respiración se hace más lenta o incluso se detiene…

… O, también es cierto lo inverso: si aquietas la respiración, controlas la mente… si la aceleras, la disparas.

Sigue probando, si quieres, con esto:

Existe una relación directa entre la mente, la respiración, el ritmo cardiaco y los estados emocionales. Del mismo modo que un estado emocional alterado -como por ejemplo el del stress- produce una aceleración del pulso y de la respiración, el proceso también acontece a la inversa.

Aprender a respirar adecuadamente implica capacitarnos para poder manejar el sistema nervioso autónomo, para regular el funcionamiento de nuestro cuerpo y para gestionar mejor y más proactivamente nuestras reacciones. En resumen, además de salud y equilibrio personal, puede implicar eficacia interpersonal.

¿Cuántos segundos te dura una inspiración en un “momento normal” de tu día a día?, ¿y una expiración?, ¿Sabes respirar abdominalmente?, ¿Lo haces todos los días?

Quizás merezca la pena volver a aprender lo que ya sabíamos de niños y hemos olvidado… y para empezar puede valer con observar cómo respiramos y modificar el ritmo de respiración en función del estado emocional que queramos alcanzar.


Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , , | 6 comentarios

El modelo de los cuatro oídos

Superescucha

Este es un modelo un poco diferente. Tiene “su cosa” por aquello de que juega con la idea de que cada uno de nosotros escuchamos simultáneamente con “cuatro oídos” que nos hacen recoger información a cuatro niveles:

- El “oído del contenido” nos da la información de hechos, sin connotaciones.
- El “oído de intenciones” nos hace entender/ suponer lo que el emisor del mensaje quiere de nosotros cuando nos los comunica.
- El “oído psicológico” nos hace entender/ suponer algo al respecto de la personalidad/ intención del emisor.
- El “oído relacional” nos hace entender el grado de confianza que tiene nuestro interlocutor con nosotros y la necesidad de cultivar relación.

Los 3 oídos que nos pueden hacer oir más allá de los hechos podrían convertirnos en “superescuchadores” pero en realidad hablan de nuestra tendencia y riesgo de “pervertir inconscientemente” y con cierta facilidad el sentido de los mensajes que recibimos.

Como ejercicio de autoanálisis podemos jugar con seleccionar un comentario que nos hayan hecho y después preguntarnos en relación a qué ha percibido cada uno de los cuatro oídos y si nos tenemos que cuestionar esta percepción inicial.

Si tenemos dudas, esto nos indicaría que probablemente necesitemos uno o varios de estos instrumentos:

  • desarrollar el hábito de asegurarnos una mejor comprensión a través de utilizar el feedback de comunicación/ comprensión.
  • desarrollar nuestra  capacidad de leer el lenguaje no-verbal.
  • cuestionar seriamente nuestras percepciones e interpretaciones ya que es muy posible que estas se estén alejando bastante de la realidad.

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , | 11 comentarios

Buscando la fuente de la empatía

Cuando alguien decide ser empático porque ha llegado a la conclusión de que así puede ser más eficaz o más productivo ganando la confianza de los demás, sigue habiendo algo que no funciona del todo bien. La empatía como “pose” es algo de poco recorrido, ya que la empatía que no es sincera se detecta con facilidad. Incluso aunque seas un maestro de las artes escénicas, tarde o temprano tu actuación se verá como lo que es. Así que quizás sea hora de que te hagas a fondo esta pregunta: ¿Sientes la necesidad de ser empático?

No importa cuánto lo practiques ni cuánto leas, no importa si te entrenas con role-playings o si un día te emocionas cuando escuchas a un gurú. Solo importa si sientes una conexión auténtica con quien te rodea. Y si esto no es así, casi es mejor que no te esfuerces por ser empático. Tarde o temprano lo van a notar. Y quizás sea peor. Casi es mejor que seas auténticamente “antipático”.

Alguien que quiere desarrollar su empatía debe primero cargarse de razones (y de emociones) y solo entonces cultivar la técnica -que es muy simple- para poner algo más de atención sobre pequeños detalles. Una técnica por sí sola es algo muerto, algo sin alma, algo de otro que difícilmente funciona bien en uno mismo… y la empatía es hija de la autenticidad y de la compasión.

Quizás “argumentos universales” como este de Carl Sagan puedan ayudar a alguien.

A mí sí.


Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , , | 20 comentarios